Pocos kilómetros separan a Casa Lerma de algunas de las mesas más relevantes del mundo. La ruta gastronómica que rodea a la casa es, en sí misma, una de las razones para hospedarse en la Cuauhtémoc.
Pujol y Quintonil, ambos referentes de la cocina mexicana contemporánea, se encuentran a pocos minutos. Sus menús degustación son ejercicios de memoria y territorio: maíz, milpa, fermentaciones y técnicas que dialogan con la alta cocina internacional sin perder raíz.
La vecina Roma Norte aporta una capa distinta: Rosetta y su panadería de culto, Máximo Bistrot con su cocina de mercado, y una red de bistrós, vinaterías naturales y barras de mezcal que han redefinido el cómo se come en la ciudad.
Para quienes prefieren no salir del entorno inmediato, la propia Cuauhtémoc concentra propuestas de autor en formato íntimo: comedores de pocas mesas, menús cortos y producto del día. El conserje de Casa Lerma curaduriza reservaciones según el momento del viaje y el perfil del huésped.
Comer aquí no es un trámite del viaje. Es uno de sus capítulos centrales.
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