La Colonia Cuauhtémoc nació en las primeras décadas del siglo XX como una de las apuestas urbanas más ambiciosas de la capital. Su trazo, sus alturas controladas y la calidad de sus residencias convirtieron al barrio en un laboratorio de arquitectura mexicana moderna.
Casa Lerma forma parte de ese legado. Construida en 1941 y catalogada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, la residencia conserva proporciones, vanos y materiales originales. Cada intervención reciente se concibió bajo una premisa: sumar sin borrar.

El interiorismo contemporáneo dialoga con la estructura histórica desde la sobriedad. Pisos restaurados, herrería original, carpintería ejecutada por talleres locales y una paleta de materiales que respeta la atmósfera del inmueble. La memoria del edificio no se simula: se habita.
Preservar un inmueble catalogado no es un acto de nostalgia. Es una decisión cultural. En un entorno urbano que cambia rápido, sostener la presencia de estas residencias es una forma de cuidar la identidad de la ciudad.
Hospedarse en Casa Lerma es, por eso, también una experiencia patrimonial.
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